Fecha de publicación: 04/04/2011
Tras el comunicado hecho público por la familia Chillida Belzunce el pasado viernes 18 de marzo, por el que anunciaban la ruptura de la negociación con el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa, ambas instituciones consideramos necesario hacer las siguientes precisiones ante la opinión pública:
En primer lugar nos vemos obligados a hacer manifiesta nuestra sorpresa y nuestro disgusto por la unilateral y brusca ruptura del proceso negociador, y por la deslealtad mostrada por la familia, cuando desde las instituciones públicas se había establecido un marco de negociación basado en el máximo respeto, la discreción y la confianza.
Junto con ello, tampoco podemos ocultar un doloroso sentimiento de frustración por todo el trabajo y toda la ilusión desplegada con la mejor de las voluntades que ahora, al menos de momento, no ha servido para que la negociación diera fruto.
Causa sorpresa que el comunicado de la familia y sus posteriores declaraciones insistan en que el precio no es un tema relevante, intentando centrar las divergencias en otros aspectos que vamos a comentar brevemente, pero en los que, desde nuestra visión, las diferencias eran más semánticas que reales.
No queremos abrir una polémica estéril, pero en los tres puntos mencionados por la familia es necesario aclarar que:
1. Carácter monográfico.- Nunca se ha puesto en duda el carácter monográfico del museo Chillida-Leku. Así se ha recogido tanto en el “Plan de Viabilidad y Análisis de Opciones de Futuro” como en las conversaciones y propuestas entregadas. Se puede tener una visión muy reduccionista de la idea de “monográfico”, pero, en nuestra opinión, Chillida-Leku debe de ser un museo de autor (Chillida), actual y abierto al diálogo con otros artistas y expresiones o con elementos de la contemporaneidad.
Las instituciones nunca han pretendido alterar la esencia de Chillida-Leku como conjunto. Hasta el punto de que, en la reunión del 28 de febrero, se propuso pactar con la familia un marco programático que pudiera incluso ser redactado por terceras personas expertas en la materia, donde se definiese qué debiera entenderse por un museo con carácter monográfico. Y ante casos de eventuales conflictos, se ofrecía un sistema de arbitraje de equidad entre la futura Fundación y la familia Chillida Belzunce. La oferta institucional ha sido generosa y abierta. La familia no ha querido recorrer este camino.
2. Unidad de la colección.- Las declaraciones de la familia dan a entender que se ha puesto en cuestión la unidad de la colección. Nada más lejos de la realidad. De hecho, ésa es una condición que las propias instituciones planteamos para poder hacer la operación porque, además, es un elemento fundamental para poder desarrollar la arquitectura del acuerdo.
No sólo existía la voluntad de mantener la unidad de la colección sino incluso de ampliarla.
3. Derecho de veto.- La familia ha mantenido durante la negociación su voluntad de mantener un derecho de veto sobre la programación artística e incluso una tutela sobre las decisiones del futuro equipo directivo del Museo.
Gobierno Vasco y Diputación Foral siempre han expresado con gran claridad a la familia que, dado que se trataba de una adquisición y no de una donación, no se podía contemplar el derecho de veto tal y como la familia lo planteaba. Y se proponía como solución un sistema de arbitraje que permitiera dilucidar los posibles conflictos.
Por tanto, no se ha aceptado el derecho de veto pero se les ha asegurado, además de la legislación vigente que ya protege el derecho moral del autor, la adecuada gestión de dichos derechos a través de un sistema de resolución jurídico de conflictos de carácter oficial, cual es el arbitraje.
La iniciativa de las instituciones vascas en este proceso ha estado siempre dirigida a la consecución de un acuerdo satisfactorio para las dos partes y, como fruto de ello, a la reapertura del museo. No hemos contemplado otra hipótesis en ningún momento.
Prueba clara de ello es el Plan de Trabajo, incluido en la propuesta institucional que se entregó a la familia el 28 de febrero, y que, siempre desde la única hipótesis del acuerdo, planteaba una apertura temporal del Museo del 1 de julio hasta el 16 de octubre del 2011, la creación de una nueva Fundación que diera soporte a la nueva situación tras la venta y la definitiva reapertura del Museo prevista para marzo de 2012.
Por tanto, debe quedar claro que desde las instituciones vascas hemos planteado todo tipo de ofertas y posibilidades en un proceso importante de análisis y contraste, de establecer criterios desde la responsabilidad pública para la viabilidad del museo. Un proceso en el que las instituciones hemos ido siempre al unísono. Desde nuestra perspectiva institucional, el proceso iba bien y no se puede entender esta última decisión.
Pero para poder negociar y, sobre todo, para poder acordar, es necesario que las dos partes compartan la voluntad de negociación y acuerdo. En este caso, la familia Chillida Belzunce, con su comunicado del pasado viernes, ha dejado claro que no tiene esa voluntad. Ellos sabrán por qué.
Tanto el Gobierno como la Diputación sentimos un enorme respeto y la máxima admiración por la figura y la obra de Eduardo Chillida. Nuestro compromiso con la promoción, la divulgación y la valoración de la obra de Eduardo Chillida es firme y permanente, va más allá de posibles desencuentros y, a futuro, nuestra actitud será siempre, como hasta ahora, leal, abierta y constructiva.
Porque Eduardo es un artista universal, patrimonio de todos los vascos.
Donostia-San Sebastián, 25-3-2011