Fundado en 1942 por la Diputación Foral de Álava, como Casa de Álava, ocupó inicialmente una casa-hotel mandada construir en 1912 por Ricardo Augustin y Elvira Zulueta a los arquitectos Javier Luque y Julián Apraiz con estilo histórico inspirado en los palacios renacentistas.
Desde su inauguración, el Museo de Bellas Artes de Álava ha ido incrementando sus colecciones lo que ha exigido la creación de nuevas infraestructuras y edificios. Así, durante los años sesenta el edificio original fue ampliado para acoger, entre otras, las obras de la Fundación Fernando de Amárica, depositadas en este Museo.
En la actualidad se distribuye en tres sectores arquitectónicos diferenciados, constituidos por el edificio principal, antiguo palacio de Augustin, la parte ampliada en los años 60 y un edificio anexo, de nueva construcción, donde se sitúa el acceso al Museo.
LA COLECCIÓN
Hasta el año 1999 se ha podido contemplar en el Museo el conjunto de sus fondos, distribuidos en distintas colecciones que abarcaban desde el siglo XIII hasta nuestros días. Tras la reforma realizada entre 1999 y 2001, el Museo de Bellas Artes de Álava se dedica al arte español de los siglos XVIII y XIX y al arte vasco del periodo 1850-1950, con obras pertenecientes a la Diputación Foral de Álava, depósitos del Museo del Prado y de la Fundación Fernando de Amárica.
La colección de arte español de los siglos XVIII y XIX se muestra a través de retratos y paisajes fundamentalmente, donde se puede apreciar la transición desde una pintura clásica y académica, tan en boga en los círculos de la aristocracia y burguesía, a los intentos más espontáneos e imaginativos del romanticismo o la posición más directa y objetiva de autores del movimiento realista.
En sucesivas salas encontramos expuestos retratos de autores como Vicente López, Raimundo de Madrazo o Joaquín Sorolla, paisajes de Carlos de Haes, Jaume Morera, Enrique Serra o Josep Masriera, así como pintura de género, con obras de José Mª López Mezquita o José Mª Sert, junto a esculturas en bronce de
Benlliure, Julio Antonio o José Clará.
La misma evolución histórico-artística se produce en la colección de arte vasco hasta los años cincuenta, también conocida como de costumbrismo vasco, que añade nuevas tendencias como el impresionismo y postimpresionismo. Estos autores nos ofrecen a través de sus obras, un testimonio de la sociedad agrícola e industrial de su entorno y su época. La exposición permite observar la convivencia de los lenguajes más tradicionales con las contribuciones personales de algunos artistas en relación con los nuevos movimientos y tendencias, consolidándose en el primer tercio del siglo XX de forma definitiva, el colectivo de artistas que por esas fechas se empezó a conocer como Escuela Vasca.
Destaca, en una de sus salas, la obra del pintor alavés Ignacio Díaz Olano, figura clave de la pintura alavesa que cultivó en su obra todos los géneros, inclinándose preferentemente por los temas costumbristas, así mismo, compaginó la pintura con la docencia, formando a un gran grupo de artistas alaveses.
Otras salas presentan retratos, paisajes y escenas de género de Aurelio Arteta, Francisco Iturrino, Elías Salaverría, Juan Echevarría, Darío de Regoyos, los hermanos Valentín y Ramón de Zubiaurre, Ignacio Zuloaga, Gustavo de Maeztu o Pablo Uranga, entre otros, así como obras de artistas vascofranceses cuya adquisición se ha iniciado recientemente.
La segunda planta dedica todo su espacio a la obra del pintor vitoriano Fernando de Amárica, depositada en este Museo por la Fundación que lleva su nombre. El recorrido cronológico permite establecer la sucesión de tendencias estilísticas utilizadas a lo largo de su carrera y su especial inclinación a plasmar en sus lienzos el paisaje.
Junto a la colección permanente se organizan periódicamente exposiciones temporales, tanto con fondos propios como foráneos.