Entrevista a Juan Varela, Periodista y consultor de medios, creador del blog periodistas21
¿Qué casos de buenas prácticas destacan en torno a la digitalización/cultura digital?
Hay algunos proyectos interesantes, pero en los últimos meses me ha llamado especialmente la atención un proyecto de culturagalega.org, que es una institución de promoción de la cultura gallega en la web: se trata de una antología de poesía gallega procedente de una zona de Galicia determinada: la Costa de La Muerte. Es una antología que se ha editado y desarrollado sobre la plataforma de googlearth, de forma que el usuario pueda acceder a los poemas en función de la referencia geográfica del lugar donde han sido concebidos. Me parece una propuesta de lectura de poesía muy atractiva, una forma muy interesante de vincular un tipo de literatura tan antiguo como la poesía con las nuevas tecnologías, en este caso, los mapas semánticos, los mashup y la geolocalización.
¿Qué elementos especialmente innovadores incorporan este tipo de proyectos?
Desde mi punto de vista, existen tres aspectos fundamentales que estos proyectos de buenas prácticas deben cumplir:
- La ampliación del acceso a la información de los ciudadanos.
- Que esta puesta a disposición del público sea de contenidos abiertos, que puedan utilizarse de una forma libre, que puedan reutilizarse, independientemente de que sean de pago o no.
- La usabilidad: me refiero a cómo se accede a estas plataformas y qué grado de usabilidad poseen los nuevos contenidos. Considero que este es un tema fundamental en estos momentos y quizá no se le está prestando la debida atención en algunos proyectos de digitalización, que están más concentrados en volcar contenidos en formato digital que en lograr una usabilidad mayor de esos contenidos, tanto en lo que respecta a la usabilidad tradicional, es decir, la legibilidad de esos contenidos, como en lo que tiene que ver con sus posibilidades de uso y de aprovechamiento en todo tipo de plataformas, por lo menos en las fundamentales a través de las cuales los usuarios acceden a dichos contenidos.
¿Qué sectores y ámbitos culturales están en la vanguardia en el tema de la cultura digital?
Desgraciadamente, creo que ningún sector cultural se sitúa a la vanguardia en el ámbito de la cultura digital. No obstante, en España tenemos dos grandes fortalezas en comparación con el entorno internacional: una es la propuesta museística y la otra es la propuesta editorial. En el entorno de los museos, archivos y bibliotecas lo que tenemos es una gran cantidad de fondos de indudable calidad, pero nos falta poner todos estos contenidos en valor en la red. En este sentido, hay algunas reflexiones y propuestas interesantes. Por ejemplo, Borja Villarroel, director del museo Reina Sofía, ha puesto sobre la mesa algunas iniciativas para crear una especie de museo total o unidad museística en todo el estado, que se podría llevar a cabo tanto en el entorno físico como en el digital.
En el ámbito editorial vamos por detrás. Estas van a ser las primeras Navidades de la propuesta de libro digital en España. Algunas editoriales y librerías han empezado a comercializar una oferta de títulos a través de soportes de lectura digitales como el ebook y, sin embargo, se han centrado mucho en estar presentes en el ámbito digital, pero ha dejado a un lado todo el debate y el desarrollo de lo que tiene que ver con el modelo de negocio del libro, con los estándares de publicación de los libros digitales sin los que la gente va a seguir confusa y no va a saber a dónde tiene que acceder, qué soporte tiene que comprar y qué puede hacer, cuáles son sus derechos y garantías respecto a estos libros digitales; incluso el modelo de negocio y lo que significa trasladar al público una parte del ahorro y la eficiencia económica del libro digital frente al libro impreso tradicional, en todos estos aspectos vamos muy retrasados. Tenemos una industria editorial muy fuerte, pero no hemos cumplido ninguna de las pautas fundamentales que hay que seguir antes de empezar a volcar de una manera efectiva todos los contenidos de la industria editorial en el ámbito digital: no tenemos acuerdos sobre las obras huérfanas, no tenemos acuerdos sobre el nuevo reparto de derechos de propiedad intelectual entre editores y autores, no tenemos estándar del libro electrónico en España, etc. Van surgiendo tecnologías que permiten cambiar gran parte de la industria cultural, pero en los debates de fondo que tienen que ver con los estándares, el negocio, con garantizar tanto a los autores como al público los derechos de acceso, los derechos económicos, etc. vamos muy retrasados. Yo tengo continuamente la sensación de que vamos a remolque de lo que ocurre fuera; solo reaccionamos si nos azuza la Comisión Europea, si se nos echa encima google con sus proyectos,... estamos en un proceso en el que el mercado y la gran industria española y el gran sector cultural español van muy a remolque, cuando en algunos ámbitos es una industria muy poderosa y tradicionalmente muy fuerte.
En la digitalización de las bibliotecas se ha llevado a cabo un esfuerzo importante, pero creo que también llegamos con retraso; de hecho, los informes de la Comisión Europea nos siguen señalando como uno de los países más retrasados en el ámbito de la digitalización, sobre todo en lo que respecta a la digitalización de todos los contenidos públicos, entendidos como los archivos y las bibliotecas públicas.
En el ámbito de los museos, la digitalización es muy irregular; todavía no hay en España demasiados museos que hayan puesto en marcha unos proyectos digitales que verdaderamente ayuden a los ciudadanos a acceder a los museos y sus contenidos de una forma más adecuada para la web. Sí ha habido un intento importante por lo menos por parte de los grandes museos nacionales y locales por estar presentes en la red y de volcar parte de las obras que tienen, pero aún falta sobre todo vías o canales de interacción para el público, una propuesta museística específica para la web y para el usuario que accede a los museos a través de la red.
Una de las carencias fundamentales que seguimos teniendo está asociada a la inclusión y el acceso a los contenidos públicos en la web, entendido tanto como lo que tiene que ver con la cultura digital (aunque se han hecho algunos esfuerzos en este ámbito), como lo vinculado a los registros, documentos y contenidos públicos, que en muchos casos tienen mucho que ver, no tanto con el enlace a los contenidos culturales, pero sí muchas veces con su gestión. En este aspecto vamos con retraso, los esfuerzos que se han realizado por parte de la Administración están más centrados en otros aspectos como facilitar algunos pasos administrativos fundamentales, pero todavía no hay una Administración abierta y un acceso abierto a los contenidos públicos en la web. De hecho, tenemos pendiente una ley de acceso a la información pública.
Este último año sí que se ha percibido un cambio importante respecto a años anteriores, sobre todo en el sector del audiovisual, tanto público como privado; ha habido un esfuerzo importante por parte de las televisiones, seguramente porque hemos llegado a un punto en el que ya prácticamente todo el mundo está convencido sobre la convergencia de pantallas y en este sentido sí ha habido una integración y una propuesta de contenidos cuantitativamente muy diferente a la que teníamos hasta ahora, y algunos indicios de exploraciones para empezar a desarrollar alternativas de televisión en la web que incorporan herramientas de la web 2.0, de redes sociales, de formatos, etc. distintos a la televisión convencional.
En definitiva, estamos por detrás en las propuestas culturales y en la digitalización de fondos, y muy por detrás en su promoción. A mi me llama mucho la atención que en las publicaciones donde se recogen las propuestas culturales (los periódicos, las carteleras, las agendas culturales), ni en el soporte papel ni en el soporte web de esos mismos medios encuentras la oferta de aquellos espacios culturales que ofrecen propuestas para disfrutar en la web. Otro ejemplo: cuando se habla de un museo se hace referencia al edificio, a la infraestructura, y no se habla de su propuesta en el entorno digital. Esta situación es extrapolable a otros espacios fuera de la web; por ejemplo, estamos asistiendo a la explosión de las aplicaciones para teléfonos móviles, que resultan muy útiles a la hora de salir a disfrutar de ciertos contenidos culturales, o en el caso del turismo cultural del que tanto se habla. Sin embargo, en España no se ha desarrollado este tipo de aplicaciones por parte de las instituciones culturales más importantes. Tampoco hay proyectos, exposiciones culturales específicas para la web que traspasen demasiadas fronteras; como mucho podemos hablar de dos tres instituciones, pero de escasa proyección. Seguramente esta situación se deba a defectos en el origen, pero también a una falta de puesta en valor de los medios que informan de la actividad cultural.
¿Qué nuevas necesidades se están generando en torno a estos nuevos proyectos (en cuanto a perfiles profesionales, formación continua, rutinas productivas, organización del trabajo, etc.)?
Es cierto que la digitalización está suponiendo un cambio en determinados ámbitos que trae consigo nuevas necesidades de formación, organización del trabajo, etc. En mi opinión, todo esto está muy relacionado con tres elementos principales:
- Aspecto tecnológico: la tecnología y su constante desarrollo está propiciando la transición de las estructuras tradicionales de edición, de archivos, o de todo lo que tiene que ver con la gestión tradicional de contenidos digitales, a una situación en la que los perfiles profesionales deben incorporar esta tecnología que afecta prácticamente a todas y cada una de las disciplinas de la gestión cultural. Evidentemente, no creo que todas las personas dedicadas a la gestión cultural tengan que ser expertas en estas tecnologías, pero sí considero que su formación debe ir incorporando todos aquellos elementos y principios fundamentales para gestionar y manejar estas nuevas tecnologías, como son los estándares, los estudios de usabilidad, y todo lo relacionado con nuevos formatos, nuevas formas de visualización y acceso a la información, más allá de las tecnologías concretas que cambian a una velocidad enorme. En este sentido, opino que vamos con retraso en ofrecer una formación adecuada en este campo, y esto es aplicable no solo en el ámbito cultural, sino también en otras profesiones que se ven también afectadas por los cambios tecnológicos.
- Aspecto jurídico: En España se da una gestión de la propiedad intelectual, los derechos de autor y todo lo relacionado con los contenidos públicos que proviene de una tradición que necesita ser actualizada. El mayor fracaso de los últimos tres años a partir de los cambios que se introdujeron en la ley de propiedad intelectual es que, por un lado, no se han conseguido armonizar ni en la legislación estatal ni en la autonómica los nuevos modos de propiedad intelectual, y por otro lado, este vacío legislativo afecta al desarrollo tecnológico de los contenidos públicos, el dominio público, etc. En este sentido, existe una sensación de inseguridad en todo el sector, tanto en el público como en el privado; una gran parte de los profesionales que nos dedicamos a esto estamos confundidos y esperando ver hacia dónde evoluciona el sector. Hace falta una reflexión, mucha más formación y mayor vocación, en el ámbito de la cultura, de fortalecimiento del dominio público y de los procomunes, que creo que son fundamentales en un país como éste.
- En cuanto a los procesos, las rutinas productivas y la organización del trabajo, creo que hay dos aspectos fundamentales: uno lo representan las herramientas y la tecnología de las que hemos hablado antes; otro es la integración del público en la gestión de contenidos culturales y cómo puede interactuar en diferentes momentos del proceso, desde la creación hasta la publicación y el archivo de todos estos contenidos culturales, de una forma activa, tanto en momentos y contenidos concretos, como en otro aspecto fundamental como es la incorporación de criterios sociales. En este sentido, hoy en día disponemos o empezamos a disponer de las herramientas para incorporar al público en esta gestión de un modo mucho más rápido, flexible y efectivo del que teníamos hasta ahora.
¿Qué ventajas ofrece la digitalización al usuario?
La más importante es la capacidad de acceso a los contenidos. Hoy vivimos en un momento que, en los círculos especializados, se empieza a calificar como la “era del acceso”. Este es un cambio fundamental respecto a lo vivido hasta ahora. Estamos en un momento en el que, efectivamente, disponemos de las capacidades necesarias para garantizar a una mayoría de la población un acceso enorme a la información, los contenidos y la cultura como nunca hasta ahora se había dado. El gran desafío para todos es hacer todo esto efectivo, es decir, que realmente los contenidos de calidad, los criterios de calidad y todo eso que entendemos como cultura de valor estén incorporados en toda esa corriente de información y contenidos a los que la gente ya accede de forma cotidiana. En este sentido, creo que nos encontramos un paso por detrás en todo lo que tiene que ver con los contenidos estrictamente culturales; por ejemplo, una de las cosas curiosas que suceden en este país es que en la última década se ha producido una explosión de los hábitos culturales. Por ejemplo, en cuanto a visitas a los museos, hoy en día representa una de las actividades culturales que la gente realiza con cierta normalidad y cierta frecuencia. Sin embargo, comparativamente, la cifra de accesos a los museos y archivos en la web es muy baja. Lo que la gente ya percibe en la vida real como algo que está a su disposición, en el terreno de los contenidos digitales y de Internet todavía no es así. Esto se debe, en mi opinión, a una falta de visibilidad, de promoción y de no saber llegar de forma más atractiva al público. Mientras la gente se vuelca en las grandes exposiciones allí donde se celebran y se constata que año tras año se baten récords de visitas a ciertas colecciones, en la web no sucede así; cuando se analizan los datos de accesos a webs de museos, bibliotecas, etc. las cifras son todavía muy pequeñas. Por ejemplo, esta semana he revisado los datos de la biblioteca nacional, que es el mayor archivo de biblioteconomía y que trabaja en el ámbito nacional e internacional, y he comprobado que tiene poco más de un millón de accesos mensuales, que, en términos de la dimensión del proyecto y de los fondos de que dispone, son pocos. Lo mismo ocurre en otros sectores: los grandes museos de España tienen poquísimos accesos comparados con los museos europeos. Por todo ello, considero que poner en valor la gestión de todos estos contenidos culturales que están o no en el ámbito convencional es un desafío enorme.
Más allá de la capacidad del acceso, existe una segunda ventaja que ya hemos comentado antes y que aún no se ha desarrollado completamente; consiste en la posibilidad de interacción del público con las obras culturales. En este sentido se han llevado a cabo algunas tímidas experiencias, pero muy limitadas.
En general, puede decirse que se han hecho más propuestas vinculadas a estos dos aspectos (acceso e interacción) en entornos físicos que en entornos digitales, quizá debido a la mayor disposición de recursos en el primer caso.
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